A los meloninos nos une el miedo.

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Si, el miedo, con cada temblor, todos tememos que el relave se venga o en último caso, recordamos con preocupación el desastre antiguo tan cercano de 1965. Llueve fuerte en El Melón, no tanto como antaño y cada uno de nosotros podría desear más agua, ya que se avecina el día seco del verano, pero aun así le tememos incluso a la lluvia, sí al agua, el elemento vital, pues sabemos que mucha agua pone más peso a esa masa de mierda minera que amenaza llegar raudo en cualquier momento, asesino con maldad pura entre sus tóxicas lamas.

Son incontables las veces que el miedo se apodera, recuerdo desde pequeño que los huasos iban buscar a mi padre y hermano mayor para que ayudaran pues «se podía venir el relave», y nos quedamos los más chicos con nuestras madres estupefactos viendo a través de la lluvia de las ventanas como mi familia se separaba para ayudar a encauzar el  agua por algún lugar más seguro.

Y con los temblores, donde te pillen,  recordar al maldito macizo acecino, y la posibilidad de que pase un desastre horrible. Aún cuando algunos difieran de las cosas que digo acá, a pesar de que muchos quieran negarlo, y algunos incluso pongan millones para ocultarlo, esa es nuestra realidad, el tranque de relaves sobre nuestras cabezas es un asesino quieto que en cualquier momento nos puede matar.

Ojalá nos una no sólo el miedo y las conciencias vendidas, que no nos una más la desdicha, que nos una si la historia, la historia de un pueblo que se volvió orgulloso, se puso de pie y no se dejó tapar por la caca de  la minera.

por:A. Marín

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